
domingo, 28 de junio de 2009
FIESTA FIN DE CURSO.

jueves, 25 de junio de 2009
GRAN FIESTA CIERRE GRUPOS DE LECTURA

RECITAL MARIO BENEDETTI-IDEA VILARIÑO.
Este va a ser nuestro último acto. La gran fiesta despedida del verano porque nos vamos de vacaciones. Volveremos en septiembre.
El acto será en Torrente, en un entorno inigualable, la ermita de San Salvador. Allí nos encontraremos a las 21.00 en el camino de la ermita. Prometemos una velada inolvidable comentando, leyendo y recitando a estos dos grandes de la poesía. Aquí va nuestro pequeño homenaje.
jueves, 4 de junio de 2009
Nuevo libro de Julio Llamazares, Las lágrimas de San Lorenzo.
PRÓXIMA PUBLICACIÓN DEL LIBRO DE JULIO LLAMAZARES. LAS LÁGRIMAS DE SAN LORENZO.
Ya tenía ganas de leer una novela de Julio LLamazares. Ya que desde el Cielo de Madrid, allá por el 2005, los seguidores incondicionales de este escritor no habíamos tenido la oportunidad de disfrutar con su magistral prosa. Durante la espera he tenido el placer de disfrutar con su libro de viajes, Las rosas de piedra y con su antología de poesía, Versos y ortigas, pero aún así, echaba de menos al Llamazares novelista, aunque no sólo.
La próxima novela promete y mucho, parece que Julio vuelve a la prosa-poética que te envuelve creando un mundo lleno de cromatismo en una historia que te atrapa profundamente, dejándote sin aliento. Y es que esa es la esencia de la gran literatura, la literatura con mayúsculas, la que Llamazares despliega de forma magistral en La lluvia amarilla y Luna de lobos. ( De estas, profundizaré en otra ocasión, ya que podría escribir ríos de tinta).
El título Las lágrimas de San Lorenzo, es en sí mismo lírico. Al igual que la historia, que dará comienzo la noche de San Lorenzo en Ibiza. Bajo un cielo oscuro, un padre y un hijo verán la lluvia de estrellas y empezarán a vagar por sus recuerdos.
Mientras esperamos, os dejo un artículo que publicó recientemente en El país, que sugiere aspectos que podría desarrollar en el libro.
Gracias, ÍDOLO.
Chusa Garcés.
REPORTAJE: VERANEO INTERIOR
Las lágrimas de San Lorenzo
JULIO LLAMAZARES 14/08/2005, El país.
Como toda liturgia, el verano interior tiene también sus ritos, esas fechas y esos actos que engranan como un rosario el devenir de los días de los veraneantes y que le dan un discurso y una estructura a sus vacaciones. Si ya éstas son amorfas y vacías de por sí; si ya el verano es un gran estanque en el que el agua alimenta babas y ovas de todo tipo y especie; si la apatía nutre su naturaleza, ¿qué no sería, además, si el verano no tuviera, para ir desarrollándose y avanzando, una liturgia concreta que lo convierta en un calendario? La llegada al lugar de las vacaciones, las fiestas, las excursiones, las visitas a la familia o de los amigos, las meriendas campestres o los paseos de atardecida o de anochecida cumplen una gran función, al margen de por sí mismos, como relato de las vacaciones. Sin ellos, éstas serían un tiempo muerto.
Pero el verano interior, como el de la playa, tiene también sus ritos particulares. Ritos que le dan sentido y que ocupan y entretienen a la gente, a veces sin que ésta se dé cuenta tan siquiera. Se trata, al fin, de combatir el aburrimiento, de hacer algo para no morir de hastío, de agarrarse a un clavo ardiendo con tal de no seguir sentados hora tras hora bajo la parra del corredor o debajo de la sombra del ciruelo o de la higuera, en el jardín. La gente, en general, no soporta no hacer nada, por más que ésa y no otra sea la condición del veraneante. Y por eso necesita inventar cosas, ya sean reales o imaginarias, como las fiestas.
Las fiestas son al verano lo que los sábados al invierno: ese tiempo esperado y compulsivo en el que el aburrimiento da paso a la irrealidad y el tiempo se detiene o se dispara, según casos. Hay fiestas en las que éste, acelerado por los acontecimientos, se convierte, en efecto, en una montaña rusa, con las cosas sucediéndose a toda velocidad, y otras en las que, por el contrario, se detiene bruscamente de repente hasta el punto de que a veces uno tiene la impresión de estar viviendo fuera de él, por más que siga corriendo en el calendario. Es lo que ocurre con esas fiestas que se prolongan durante días, más allá de lo normal, y es lo que pasa con esos ritos que, a base de repetirse, acaban por parecernos el mismo de cada año. Lo que no quita para que el veraneante los espere con impaciencia y para que se entregue a ellos como si fuera la primera vez.
De entre los ritos del veraneo, el único que uno comparte (más por su emoción poética que por lo que significa para la mayoría) es el de salir al campo la noche de San Lorenzo para ver la lluvia de estrellas. O las lágrimas del santo, como se dice con más fortuna en algunas partes. Me gusta tumbarme en plena noche bajo el cielo, lejos de la luz del pueblo, para ver cómo caen las estrellas sobre la línea de un firmamento que normalmente esa noche está tan tersa como la de la vida. Suele ser noche sin luna, oscura, sin viento al fondo, y, salvo los aviones y las luciérnagas, nada rompe su inmovilidad. Por eso las estrellas, que, ésas sí, cumpliendo con la tradición, se desplazan continuamente de un lado a otro del cielo, convierten éste en un espectáculo que el veraneante del interior agradece, a falta de otros que lo entretengan.
Pedir un deseo
Con cada estrella que se desliza hay quien pide un deseo o un pensamiento y quien se acuerda de los que ya no están. Con cada brillo que cruza el cielo hay quien recuerda otras noches y quien se olvida hasta de la que está viviendo. Porque la sensación que da, mirando las estrellas temblar allá en lo alto, es que la vida es mucho más frágil de lo que nos parece a la luz del día, que la fugacidad del tiempo es mayor de lo que sospechamos normalmente y de lo que estaríamos dispuestos a aceptar. La noche de San Lorenzo, con sus lágrimas fugaces cayendo sobre un mundo que a esa hora mira al cielo o se divierte, con el olor del tomillo o del cereal emborrachando a unos y a otros, con la brisa suavizando las aristas del horizonte y del pensamiento, parecen lágrimas que derrama un dios sin nombre ni rostro por nuestra propia fugacidad.
Pero el veraneante no suele pensar en ello. O, si lo hace, se lo calla para sí. La noche de San Lorenzo, el veraneante del interior, ese al que la melancolía devuelve una y otra vez a los mismos sitios, a los mismos paisajes de su infancia y su memoria, a los lugares que más y mejor conoce, prefiere imaginar que el verano es infinito y que esa noche se repetirá mil veces, si no éste, sí en próximos veranos. Por eso sigue mirando al cielo sin preocuparse, como si las estrellas fueran luciérnagas o aviones de pasajeros (y como si el firmamento fuera un espejo y no el decorado por el que se deslizan), y por eso, cuando regresa a casa después de horas, a veces con el día ya anunciándose a lo lejos, vuelve con la sensación de haber sido inmortal por otra noche, de haber vivido una noche única, de haber traspasado el tiempo. Un tiempo que, mientras tanto, se ha detenido por un instante como a él le gustaría que se detuviera también el suyo y este verano incipiente, recién inaugurado y estrenado pero que se acerca ya a su ecuador.
Luego llegarán las fiestas. O antes. O al mismo tiempo, que a san Lorenzo se le celebra en muchos lugares, al margen de sus lágrimas de estrellas pasajeras y fugaces. Llegarán las fiestas, las excursiones, las comidas familiares en casa o en el restaurante ("¿qué tal los niños?", ¿"cómo te va en el trabajo?", "¿te jubilas o todavía te queda?"...), las visitas obligadas a ese lugar tan bonito que hay que enseñar al grupo de amigos, la participación en las actividades culturales del lugar, que alguien se encarga siempre de organizar para no parecer un indiferente, la colaboración en el arreglo de la ermita o del cementerio, que se caen y hay que evitarlo... El veraneante del interior, con mayor o menor disposición, va pasando de una a otra actividad con obediente docilidad, enhebrando en su verano las costumbres y los ritos ya sabidos hasta que, cuando se da cuenta, comienza a ver el final de agosto y, lo que es peor, el de sus vacaciones. Lo hace ya tarde, cuando el verano está terminando y cuando ya apenas tiene tiempo de volver la vista atrás para intentar atrapar el tiempo o por lo menos para aprovecharlo más.
Repetir ritos
Pero le pasa todos los años. Le pasa cada verano y le seguirá pasando, porque el verano es eso precisamente: una lluvia de estrellas pasajeras, de lágrimas de San Lorenzo que se deslizan a toda prisa para satisfacción del mundo, que no sabe o no quiere entender adónde va. Si lo sabe, lo calla para no temblar de miedo, y si no lo quiere entender, lo oculta para que no le llamen cobarde. Al veraneante interior le han llamado cobarde muchas veces, si no explícita, sí implícitamente, por empeñarse en repetir ritos, por agarrarse al rigor freudiano de sus orígenes familiares, por conformarse con su felicidad de pueblo, tan distinta de la de la aventura o de la de la aglomeración playera, pero eso no le importa porque él no está de acuerdo con esa visión tan simple de su verano; al contrario, se cree el más valiente por atreverse a enfrentarse al tiempo en lugar de escapar de él, como hacen los otros. Pero ahora sabe que su cobardía es cierta. Cuando agosto se desliza poco a poco hacia su ocaso, cuando septiembre asoma sus barbas rubias por detrás de las fiestas patronales y los fuegos, cuando la música del verano empieza a ajarse como la fruta seca, el veraneante del interior siente el vértigo del tiempo y la cobardía de no enfrentarse a él y entonces vuelve sus ojos a San Lorenzo, a esa noche tan hermosa que hasta el tiempo se detiene para ver caer las estrellas. A esa noche en la que el mundo, cansado de tantas vueltas, se para por unas horas y se queda inmóvil y a oscuras, con el cielo convertido en un estanque en el que los desaparecidos brillan como luciérnagas y los astros toman nombre de personas o de deseos.
Ya tenía ganas de leer una novela de Julio LLamazares. Ya que desde el Cielo de Madrid, allá por el 2005, los seguidores incondicionales de este escritor no habíamos tenido la oportunidad de disfrutar con su magistral prosa. Durante la espera he tenido el placer de disfrutar con su libro de viajes, Las rosas de piedra y con su antología de poesía, Versos y ortigas, pero aún así, echaba de menos al Llamazares novelista, aunque no sólo.
La próxima novela promete y mucho, parece que Julio vuelve a la prosa-poética que te envuelve creando un mundo lleno de cromatismo en una historia que te atrapa profundamente, dejándote sin aliento. Y es que esa es la esencia de la gran literatura, la literatura con mayúsculas, la que Llamazares despliega de forma magistral en La lluvia amarilla y Luna de lobos. ( De estas, profundizaré en otra ocasión, ya que podría escribir ríos de tinta).
El título Las lágrimas de San Lorenzo, es en sí mismo lírico. Al igual que la historia, que dará comienzo la noche de San Lorenzo en Ibiza. Bajo un cielo oscuro, un padre y un hijo verán la lluvia de estrellas y empezarán a vagar por sus recuerdos.
Mientras esperamos, os dejo un artículo que publicó recientemente en El país, que sugiere aspectos que podría desarrollar en el libro.
Gracias, ÍDOLO.
Chusa Garcés.
REPORTAJE: VERANEO INTERIOR
Las lágrimas de San Lorenzo
JULIO LLAMAZARES 14/08/2005, El país.
Como toda liturgia, el verano interior tiene también sus ritos, esas fechas y esos actos que engranan como un rosario el devenir de los días de los veraneantes y que le dan un discurso y una estructura a sus vacaciones. Si ya éstas son amorfas y vacías de por sí; si ya el verano es un gran estanque en el que el agua alimenta babas y ovas de todo tipo y especie; si la apatía nutre su naturaleza, ¿qué no sería, además, si el verano no tuviera, para ir desarrollándose y avanzando, una liturgia concreta que lo convierta en un calendario? La llegada al lugar de las vacaciones, las fiestas, las excursiones, las visitas a la familia o de los amigos, las meriendas campestres o los paseos de atardecida o de anochecida cumplen una gran función, al margen de por sí mismos, como relato de las vacaciones. Sin ellos, éstas serían un tiempo muerto.
Pero el verano interior, como el de la playa, tiene también sus ritos particulares. Ritos que le dan sentido y que ocupan y entretienen a la gente, a veces sin que ésta se dé cuenta tan siquiera. Se trata, al fin, de combatir el aburrimiento, de hacer algo para no morir de hastío, de agarrarse a un clavo ardiendo con tal de no seguir sentados hora tras hora bajo la parra del corredor o debajo de la sombra del ciruelo o de la higuera, en el jardín. La gente, en general, no soporta no hacer nada, por más que ésa y no otra sea la condición del veraneante. Y por eso necesita inventar cosas, ya sean reales o imaginarias, como las fiestas.
Las fiestas son al verano lo que los sábados al invierno: ese tiempo esperado y compulsivo en el que el aburrimiento da paso a la irrealidad y el tiempo se detiene o se dispara, según casos. Hay fiestas en las que éste, acelerado por los acontecimientos, se convierte, en efecto, en una montaña rusa, con las cosas sucediéndose a toda velocidad, y otras en las que, por el contrario, se detiene bruscamente de repente hasta el punto de que a veces uno tiene la impresión de estar viviendo fuera de él, por más que siga corriendo en el calendario. Es lo que ocurre con esas fiestas que se prolongan durante días, más allá de lo normal, y es lo que pasa con esos ritos que, a base de repetirse, acaban por parecernos el mismo de cada año. Lo que no quita para que el veraneante los espere con impaciencia y para que se entregue a ellos como si fuera la primera vez.
De entre los ritos del veraneo, el único que uno comparte (más por su emoción poética que por lo que significa para la mayoría) es el de salir al campo la noche de San Lorenzo para ver la lluvia de estrellas. O las lágrimas del santo, como se dice con más fortuna en algunas partes. Me gusta tumbarme en plena noche bajo el cielo, lejos de la luz del pueblo, para ver cómo caen las estrellas sobre la línea de un firmamento que normalmente esa noche está tan tersa como la de la vida. Suele ser noche sin luna, oscura, sin viento al fondo, y, salvo los aviones y las luciérnagas, nada rompe su inmovilidad. Por eso las estrellas, que, ésas sí, cumpliendo con la tradición, se desplazan continuamente de un lado a otro del cielo, convierten éste en un espectáculo que el veraneante del interior agradece, a falta de otros que lo entretengan.
Pedir un deseo
Con cada estrella que se desliza hay quien pide un deseo o un pensamiento y quien se acuerda de los que ya no están. Con cada brillo que cruza el cielo hay quien recuerda otras noches y quien se olvida hasta de la que está viviendo. Porque la sensación que da, mirando las estrellas temblar allá en lo alto, es que la vida es mucho más frágil de lo que nos parece a la luz del día, que la fugacidad del tiempo es mayor de lo que sospechamos normalmente y de lo que estaríamos dispuestos a aceptar. La noche de San Lorenzo, con sus lágrimas fugaces cayendo sobre un mundo que a esa hora mira al cielo o se divierte, con el olor del tomillo o del cereal emborrachando a unos y a otros, con la brisa suavizando las aristas del horizonte y del pensamiento, parecen lágrimas que derrama un dios sin nombre ni rostro por nuestra propia fugacidad.
Pero el veraneante no suele pensar en ello. O, si lo hace, se lo calla para sí. La noche de San Lorenzo, el veraneante del interior, ese al que la melancolía devuelve una y otra vez a los mismos sitios, a los mismos paisajes de su infancia y su memoria, a los lugares que más y mejor conoce, prefiere imaginar que el verano es infinito y que esa noche se repetirá mil veces, si no éste, sí en próximos veranos. Por eso sigue mirando al cielo sin preocuparse, como si las estrellas fueran luciérnagas o aviones de pasajeros (y como si el firmamento fuera un espejo y no el decorado por el que se deslizan), y por eso, cuando regresa a casa después de horas, a veces con el día ya anunciándose a lo lejos, vuelve con la sensación de haber sido inmortal por otra noche, de haber vivido una noche única, de haber traspasado el tiempo. Un tiempo que, mientras tanto, se ha detenido por un instante como a él le gustaría que se detuviera también el suyo y este verano incipiente, recién inaugurado y estrenado pero que se acerca ya a su ecuador.
Luego llegarán las fiestas. O antes. O al mismo tiempo, que a san Lorenzo se le celebra en muchos lugares, al margen de sus lágrimas de estrellas pasajeras y fugaces. Llegarán las fiestas, las excursiones, las comidas familiares en casa o en el restaurante ("¿qué tal los niños?", ¿"cómo te va en el trabajo?", "¿te jubilas o todavía te queda?"...), las visitas obligadas a ese lugar tan bonito que hay que enseñar al grupo de amigos, la participación en las actividades culturales del lugar, que alguien se encarga siempre de organizar para no parecer un indiferente, la colaboración en el arreglo de la ermita o del cementerio, que se caen y hay que evitarlo... El veraneante del interior, con mayor o menor disposición, va pasando de una a otra actividad con obediente docilidad, enhebrando en su verano las costumbres y los ritos ya sabidos hasta que, cuando se da cuenta, comienza a ver el final de agosto y, lo que es peor, el de sus vacaciones. Lo hace ya tarde, cuando el verano está terminando y cuando ya apenas tiene tiempo de volver la vista atrás para intentar atrapar el tiempo o por lo menos para aprovecharlo más.
Repetir ritos
Pero le pasa todos los años. Le pasa cada verano y le seguirá pasando, porque el verano es eso precisamente: una lluvia de estrellas pasajeras, de lágrimas de San Lorenzo que se deslizan a toda prisa para satisfacción del mundo, que no sabe o no quiere entender adónde va. Si lo sabe, lo calla para no temblar de miedo, y si no lo quiere entender, lo oculta para que no le llamen cobarde. Al veraneante interior le han llamado cobarde muchas veces, si no explícita, sí implícitamente, por empeñarse en repetir ritos, por agarrarse al rigor freudiano de sus orígenes familiares, por conformarse con su felicidad de pueblo, tan distinta de la de la aventura o de la de la aglomeración playera, pero eso no le importa porque él no está de acuerdo con esa visión tan simple de su verano; al contrario, se cree el más valiente por atreverse a enfrentarse al tiempo en lugar de escapar de él, como hacen los otros. Pero ahora sabe que su cobardía es cierta. Cuando agosto se desliza poco a poco hacia su ocaso, cuando septiembre asoma sus barbas rubias por detrás de las fiestas patronales y los fuegos, cuando la música del verano empieza a ajarse como la fruta seca, el veraneante del interior siente el vértigo del tiempo y la cobardía de no enfrentarse a él y entonces vuelve sus ojos a San Lorenzo, a esa noche tan hermosa que hasta el tiempo se detiene para ver caer las estrellas. A esa noche en la que el mundo, cansado de tantas vueltas, se para por unas horas y se queda inmóvil y a oscuras, con el cielo convertido en un estanque en el que los desaparecidos brillan como luciérnagas y los astros toman nombre de personas o de deseos.
lunes, 25 de mayo de 2009
CIERRE DEL GRUPO DE LECTURA EN ONTIÑENA
CENA PARA DESPEDIR UN CURSO CARGADO DE LIBROS INTERESANTES:
Parece que fue ayer, y ya han pasado siete años desde que comenzamos esta andadura vital. Durante este tiempo hemos compartido lecturas, experiencias, y mucho más.

Durante los nueve meses hemos leído libros tan interesantes como La pianista, de Elfriede Jelinek, El pez dorado, de Le Clezio y Bariloche de Andrés Neuman. Nos despedimos, no sin antes, recomendar las lecturas del verano para comenzar el nuevo curso. Los deberes son leer a Shakespeare, todo lo que apetezca, pero obligatoriamente El mercader de Venecia para la vuelta en septiembre.
Y como no sólo de literatura vive el hombre, en este caso, la mujer. Las chicas decidieron que nada mejor para culminar un curso cargado de emociones ficcionales, pero también reales, que una buena cena. Y así fue...
Parece que fue ayer, y ya han pasado siete años desde que comenzamos esta andadura vital. Durante este tiempo hemos compartido lecturas, experiencias, y mucho más.
Durante los nueve meses hemos leído libros tan interesantes como La pianista, de Elfriede Jelinek, El pez dorado, de Le Clezio y Bariloche de Andrés Neuman. Nos despedimos, no sin antes, recomendar las lecturas del verano para comenzar el nuevo curso. Los deberes son leer a Shakespeare, todo lo que apetezca, pero obligatoriamente El mercader de Venecia para la vuelta en septiembre.
Y como no sólo de literatura vive el hombre, en este caso, la mujer. Las chicas decidieron que nada mejor para culminar un curso cargado de emociones ficcionales, pero también reales, que una buena cena. Y así fue...
Gracias por todo, chicas.
Chusa, coordinadora del grupo.
GRUPO DE LECTURA MONZÓN
miércoles, 20 de mayo de 2009
HASTA SIEMPRE, MARIO.

Esta semana nos dejó uno de los grandes poetas, renovadores del lenguaje. Sin más, un gran maestro capaz de dialogar con nosotros, de conmovernos.
Benedetti está dotado de la sabiduría de llegar al pueblo, transmitiendo la profundidad del amor con todos sus matices, desde la sencillez del lenguaje que conecta con los lectores,
Mario Benedetti nos acompañará siempre, porque sus pensamientos e ideas, aquellas surgidas de poemas capaces de conmovernos se enraizan en lo más profundo de nuestras entrañas y allí son alimentadas por la necesidad de seguir leyendo.
PARA CONOCER A LA PERSONA DE MARIO, OS DEJO UN FRAGMENTO DE SU VIDA, NARRADO POR ÉL MISMO.
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domingo, 3 de mayo de 2009
charla-coloquio con Ramón Acín

“la literatura y la vida”
CANDASNOS
16 DE MAYO
BIBLIOTECA PÚBLICA
Organiza: “Por amor a la lectura”
Patrocina: Comarca del Bajo Cinca/Baix Cinca
Colabora: Ayuntamiento de Candasnos.
RAMÓN ACIN , “la literatura y la vida”, charla-coloquio. Candasnos, 16 de mayo de 2009
Esta claro que Ramón es una persona en la que literatura y vida se encuentran indisolublemente unidas.
Ramón nació en Piedrafita de Jaca en 1952, aunque durante su juventud le gustaban más las ciencias que las letras, siempre estuvo muy próximo al mundo de la literatura, por su gran afición a la lectura. El azar le llevó a estudiar Filología en Zaragoza y desde ese momento surgió el amor profundo e incondicional que tiene por la literatura. Los siguientes pasos en su vida han ido siempre de la mano de su gran pasión, como profesor y catedrático, editor, escritor en sus múltiples géneros, descartando sólo la poesía y el teatro, crítico y fundador del programa “Invitación a la lectura”, que se encarga de poner en contacto a los escritores con los lectores.
Ramón aceptó la invitación de “Por amor a la lectura” y estuvo con nosotros/as, dejando otros compromisos. En una tarde entrañable, el autor habló de todos sus aspectos creativos, poniendo de manifiesto, una vez más que su labor es indispensable en este “mundillo”.
Sobre su tarea de editor reseñó que la novela que convence a Ramón Acín tiene que tener una sólida estructura, con unos personajes profundos y una historia que vaya más allá de lo lineal. Uno de los escritores que le hubiera descubrir es Kafka. ¿ Y a quién no?
Y, descendiendo a las profundidades del averno, le seguimos preguntando cuáles son los premios que le merecen credibilidad, y como acostumbra, sin pelos en la lengua, nos señaló que aquellos que no tienen ningún interés de editoriales detrás.
De su labor como escritor, nos habló, porque le tiramos de la lengua de sus ensayos, especialmente interesante el titulado “Cuando es larga la sombra” en el que con una lúcida, además de crítica reflexión, radiografía el panorama de la literatura y a todo lo que engloba. Sin ningún desperdicio, merece la pena leerlo. Siguiendo su estela creativa pasamos por obras como “Cinco mujeres en la vida de un hombre”, “Siempre nos quedará París” y “Muerde el silencio” de las que contó cómo surgieron, así como, la importancia que tenía el paisaje como personaje literario.
Por último, nos habló de algunas de las anécdotas que le habían ocurrido con los más grandes escritores/as que ha conocido en sus muchos kilómetros que lleva rodados con el programa de “Invitación a la lectura”.
Para tod@s los asistentes fue una clase magistral sobre literatura y el mundo literario desde la cercanía y la humildad de un hombre sabio.
Gracias Ramón.
Chusa Garcés.
jueves, 23 de abril de 2009
curso taller literatura y mujer

JORNADAS
MUJER Y LITERATURA en Monzón (Huesca)
Pensando en femenino, escribiendo en femenino.
Llevado a cabo por Chusa Garcés.
28 de abril y 12 de mayo
de 19.00 a 21.00 horas
Lugar: Centro Cívico
Inscripciones del 20 al 27 de abril (máximo 25 personas)
En el teléfono: 974 400 700 ext. 503
Concejalía de Políticas de Igualdad
Cruz Blanca Huesca
MUJER Y LITERATURA en Monzón (Huesca)
Pensando en femenino, escribiendo en femenino.
Llevado a cabo por Chusa Garcés.
28 de abril y 12 de mayo
de 19.00 a 21.00 horas
Lugar: Centro Cívico
Inscripciones del 20 al 27 de abril (máximo 25 personas)
En el teléfono: 974 400 700 ext. 503
Concejalía de Políticas de Igualdad
Cruz Blanca Huesca
martes, 17 de marzo de 2009
JULIO LLAMAZARES, VERSOS Y ORTIGAS 2008

Julio Llamazares asegura que la poesía “es el género por excelencia de la literatura en estado puro” y Chantal Maillard afirma que “el poema no es la poesía. El poema es algo más. Nos abre una ventana… sobre el mundo. Nos cuenta algo que, sin saber, sabíamos, y que reconocemos. El poema es una evidencia que nos asombra”.
De "La lentitud de los bueyes" 1979
1. Nuestra quietud es dulce y azul y torturada en esta hora...
Nuestra quietud es dulce y azul y torturada en esta hora.
Todo es tan lento como el pasar de un buey sobre la nieve. Todo tan blando
como las bayas rojas del acebo.
Nuestro abandono es grande como la existencia, profundo como el sabor
de las frutas machacadas. Nuestro abandono no termina con el cansancio.
No es un error la lentitud, ni habitan nuestra alma las oquedades del conocimiento.
En algún zarzal lejano anida un pájaro de aceite que nace con el día. Siento su sed
granate algunas veces. Su abandono es tan dulce como el nuestro.
Su lentitud no está desposeída de costumbre.
* * * * *
3. Nada trasciende la densa mansedumbre de esta tarde...
Nada trasciende la densa mansedumbre de esta tarde.
Todo está en calma delante de mis ojos: las cigüeñas varadas
sobre el silencio, y los frutales florecidos más allá del tendido del ferrocarril.
En odres muy antiguos, tan antiguos que ni siquiera el dolor
puede alcanzarles, está guardado el tiempo. Y su costumbre deja posos
más ácidos y azules que el olvido.
Como hierba crecida entre ruinas, la soledad es su único alimento y,
sin embargo, su sustancia es tan dulce como nata crecida.
Abstenéos, no obstante, de ponerle interrogantes amarillas
o de buscar dioses de trapo allí donde existen solamente aguas absurdas.
De todos es sabido que el tiempo no posee otra grandeza
que su propia mansedumbre.
* * * * *
7. Hay racimos de soledad en tus manos...
Hay racimos de soledad en tus manos, desposesiones más antiguas
que la sangre.
Huyen los años de tus ojos como bandadas de cometas por las plazas maduras.
(Sólo quedan los bueyes rumiando su tristeza.)
Has conocido, entre gavillas de silencio, el sabor amarillo de mis pasos,
el humo indescifrable de las brasas sin tiempo.
Nunca mi lejanía se amasó con barro, pero puse en tu boca las yemas más
quemadas y los besos más lentos. Nunca mi lejanía se espesó hasta tu cuerpo.
Como una fuente vieja, azul desde su olvido, arrinconaste el miedo
en arcas inviolables.
Ni siquiera el dolor estalla entre tus labios. Ni siquiera la antigua,
la salada tristeza de mis besos.
* * * * *
11. Si te pusiera copos de tierra sobre la boca...
Si te pusiera copos de tierra sobre la boca, sabrías la acidez que me posee.
Si apoyase mis preguntas en tus hombros, te desmoronarías como una
estatua de sal.
(¿O acaso puede alguien soportar el equilibrio de los árboles más altos?)
Pero no quiero condenarte a ser cuenco de nieve o roca muda.
Advierto en tus andenes una espera infinita y tus silencios me son agrios
como bruma.
Los mercaderes montan sus puestos de mentiras y perfumes a tu paso.
Tus recuerdos esperan, apostados como perros, el momento en que se incendie
la nostalgia.
Reconozco que mis preguntas aumentarían tu indefensión.
* * * * *
13. Yo no recuerdo sino el sabor de la duda...
Yo no recuerdo sino el sabor de la duda como un alud de fresas
sobre las blandas escamas de mi boca.
He olvidado el lugar donde las nieves más azules consiguen resistirse
a su abandono.
He olvidado ya hace tiempo la dócil lentitud de los molinos.
Mucho antes de la hora de los vagabundos, y a través de arboledas heladas,
caminé largamente hacia la mansedumbre. Busqué los prados donde pastan
los bueyes más antiguos.
Rocas más amarillas que el silencio puse sobre mi incertidumbre.
Rocas más dilatadas que algodón.
Y no quedó otra cosa que la duda fluyendo dulcemente, como nata derretida.
Yo no sé si, después de la muerte, alguien vendrá a dormirme con leyendas
aprendidas en lugares lejanos.
Yo no sé si el aguacero de la nada apagará los hornos de la mendicidad.
Pero es seguro que palabras absolutas, más absolutas que vasijas de aceite
derramadas, me estarán esperando al otro lado del olvido.
Y entre esas voces acuñadas sobre moldes de arcilla y certidumbre,
mi voz sonará extraña como tomillo arraigado en las cuestas del amor.
Mi voz será como un paréntesis de duda.
* * * * *
21. Inútil es volver a los lugares olvidados y perdidos...
Inútil es volver a los lugares olvidados y perdidos, a los paisajes
y símbolos sin dueño.
No hay allí ya liturgias milenarias. Ni aceite fermentado en ánforas de barro.
Los ancianos han muerto. Los animales vagan bajo la lluvia negra.
No hay allí sino la lenta elipsis del río de los muertos,
la mansedumbre helada del muérdago cortado, de los paisajes abrasados
por el tiempo.
* * * * *
30. ¿Qué espero aún de la espiral del tiempo...
¿Qué espero aún de la espiral del tiempo, de esos cuernos epílogos
que suenan en los bosques?
¿Quién atardece junto a mi corazón helado?
Por el paisaje gris de mi memoria, cruzan arrieros sin retorno, pastores y alfareros
olvidados, bardos ahogados en el miedo lacustre de sus propias leyendas.
Solo estoy, en esta noche última, coronado de cierzo y flores muertas.
Solo estoy, en esta noche última, como un toro de nieve que brama a las estrellas.
sábado, 7 de marzo de 2009
ANDRÉS NEUMAN VISITA A LA GRAN FAMILIA "POR AMOR A LA LECTURA" EN FRAGA
Andrés Neuman, autor con una deslumbrante carrera literaria que ha pasado de ser una joven promesa a un autor consagrado dentro del panorama literario visitó a los componentes de los grupos de lectura el domingo 1 de Marzo.
Nació en Argentina en 1977, su infancia transcurrió allí, aunque a los 15 años se trasladó con su familia a Granada, donde estudió filología hispánica y trabajó como profesor en la universidad.
Actualmente dedica su vida a la escritura, es un escritor polifacético, con una honda formación teórica que se refleja en sus textos. Cultiva todos los géneros, periodismo, novela, cuento, la poesía. Empezó a escribir y a publicar muy joven. Escribe desde niño, como el mismo nos cuenta en Una vez Argentina, aunque con los primeros relatos escandalizó bastante a su madre, por lo sanguinarios. ( crímenes sangrientos)
Empezó a publicar muy joven , a los 22 publicó Bariloche, novela que conocéis porque hemos leído en los grupos de lectura, por la que fue finalista del premio herralde. Narra la historia de Demetrio, un joven basurero de Buenos Aires al que la vida ya no puede ofrecerle nada porque no encuentra nada que le llene, que le haga feliz, ni su relación adultera con la mujer de El Negro ( su compañero), ni su trabajo, ni su infancia …nada.
La siguiente novela fue La vida en las ventanas en 2002, finalista del premio primavera en ella Andrés reflexiona sobre la incomunicación del mundo en el que vivimos a través de la historia de Net, contada a través de emails a Marina una antigua novia, de la que no recibe respuesta. Novela género epistolar que se convierte en monólogo al no recibir ninguna respuesta.
Su última novela Una vez argentina de 2003, también finalista del premio Herralde, narra la historia autobiográfica de su familia y la suya propia hasta los 15 años, momento en el cual la familia se traslada a vivir a España que trancurre paralela a la historia de Argentina. Por la novela circulan personajes interesantísimos llegados a Argentina desde las más diversas procedencias. Andrés a través de analepsis y prolepsis nos va acercando a sus historias.
Es escritor de cuentos, en los que demuestra un gran ingenio. El que espera, 2000, El último minuto,2001 y Alumbramiento en 2006
Y como poeta ha publicado los poemarios 'Métodos de la noche' (Hiperión, 1998, Premio Antonio Carvajal), 'El jugador de billar' (Pre-Textos, 2000), 'El tobogán' (Hiperión, 2002, Premio Hiperión), 'La canción del antílope' (Pre-Textos, 2003) y 'Mística abajo' (Acantilado, 2008), así como la colección de haikus 'Gotas negras' (Plurabelle, 2003, reeditado por Berenice, 2007) y los 'Sonetos del extraño' (Cuadernos del Vigía, 2007). Los poemarios anteriores, revisados y con dos libros inéditos, han sido reunidos en el volumen 'Década. Poesía 1997-2007' (Acantilado, 2008).
Sin duda, Andrés Neuman, es un autor sobresaliente en el que se aúnan calidad, tradición, belleza e innovación. Sus obras pertenecen al género de la literatura con mayúsculas, esa que va desgranando sus efectos poco a poco, que va conquistando los sentidos envolviéndonos con la mágia de las palabras, esa que nos seduce y agudiza el ingenio. Esa que es UNIVERSAL.
ANDRÉS NEUMAN EN FRAGA, 1 DE MARZO DE 2009,
ANDRÉS RECITANDO SONETOS
Poema, Andrés Neuman
Palabras a una hija que no tengo
"Entornaré tus ojos si prometes soñarme.
Compréndeme, no es fácil velar por alguien siempre:
a veces necesito saber que tienes miedo.
Cuando sepas hablar, dame mi nombre;
diciéndome papá ya habrás hecho bastante.
En invierno no abrigues demasiado
tu cuerpo de princesa, más útil y más noble
es irse acostumbrando a resistir.
Acepta golosinas de los desconocidos
-no está el mundo como para negarse-,
pero apréndete esto en cuanto puedas:
más frecuente es lo amargo, o que te ignoren,
y no los caramelos.
Te enseñaré a leer fuera del aula,
y llegada la hora quiero que escribas mar
sobre los azulejos del pasillo.
Cuando por vez primera cruces la calle sola
sabrás que el riesgo y la velocidad
perseguirán tus días para siempre.
No creas que, en el fondo, no soy un optimista;
si no lo fuera, entonces no estarías allí
cuidando que te cuide como debo.
Como ves, desconfío
de quienes no veneran el asombro
de estar aquí, ahora.
Existe la alegría, pero duele;
tendrás que conseguirla.
Y cuando la consigas tendrás miedo."
Andrés Neuman (Década 1997-2007)
Nació en Argentina en 1977, su infancia transcurrió allí, aunque a los 15 años se trasladó con su familia a Granada, donde estudió filología hispánica y trabajó como profesor en la universidad.
Actualmente dedica su vida a la escritura, es un escritor polifacético, con una honda formación teórica que se refleja en sus textos. Cultiva todos los géneros, periodismo, novela, cuento, la poesía. Empezó a escribir y a publicar muy joven. Escribe desde niño, como el mismo nos cuenta en Una vez Argentina, aunque con los primeros relatos escandalizó bastante a su madre, por lo sanguinarios. ( crímenes sangrientos)
Empezó a publicar muy joven , a los 22 publicó Bariloche, novela que conocéis porque hemos leído en los grupos de lectura, por la que fue finalista del premio herralde. Narra la historia de Demetrio, un joven basurero de Buenos Aires al que la vida ya no puede ofrecerle nada porque no encuentra nada que le llene, que le haga feliz, ni su relación adultera con la mujer de El Negro ( su compañero), ni su trabajo, ni su infancia …nada.
La siguiente novela fue La vida en las ventanas en 2002, finalista del premio primavera en ella Andrés reflexiona sobre la incomunicación del mundo en el que vivimos a través de la historia de Net, contada a través de emails a Marina una antigua novia, de la que no recibe respuesta. Novela género epistolar que se convierte en monólogo al no recibir ninguna respuesta.
Su última novela Una vez argentina de 2003, también finalista del premio Herralde, narra la historia autobiográfica de su familia y la suya propia hasta los 15 años, momento en el cual la familia se traslada a vivir a España que trancurre paralela a la historia de Argentina. Por la novela circulan personajes interesantísimos llegados a Argentina desde las más diversas procedencias. Andrés a través de analepsis y prolepsis nos va acercando a sus historias.
Es escritor de cuentos, en los que demuestra un gran ingenio. El que espera, 2000, El último minuto,2001 y Alumbramiento en 2006
Y como poeta ha publicado los poemarios 'Métodos de la noche' (Hiperión, 1998, Premio Antonio Carvajal), 'El jugador de billar' (Pre-Textos, 2000), 'El tobogán' (Hiperión, 2002, Premio Hiperión), 'La canción del antílope' (Pre-Textos, 2003) y 'Mística abajo' (Acantilado, 2008), así como la colección de haikus 'Gotas negras' (Plurabelle, 2003, reeditado por Berenice, 2007) y los 'Sonetos del extraño' (Cuadernos del Vigía, 2007). Los poemarios anteriores, revisados y con dos libros inéditos, han sido reunidos en el volumen 'Década. Poesía 1997-2007' (Acantilado, 2008).
Sin duda, Andrés Neuman, es un autor sobresaliente en el que se aúnan calidad, tradición, belleza e innovación. Sus obras pertenecen al género de la literatura con mayúsculas, esa que va desgranando sus efectos poco a poco, que va conquistando los sentidos envolviéndonos con la mágia de las palabras, esa que nos seduce y agudiza el ingenio. Esa que es UNIVERSAL.
ANDRÉS NEUMAN EN FRAGA, 1 DE MARZO DE 2009,
ANDRÉS RECITANDO SONETOS
Poema, Andrés Neuman
Palabras a una hija que no tengo
"Entornaré tus ojos si prometes soñarme.
Compréndeme, no es fácil velar por alguien siempre:
a veces necesito saber que tienes miedo.
Cuando sepas hablar, dame mi nombre;
diciéndome papá ya habrás hecho bastante.
En invierno no abrigues demasiado
tu cuerpo de princesa, más útil y más noble
es irse acostumbrando a resistir.
Acepta golosinas de los desconocidos
-no está el mundo como para negarse-,
pero apréndete esto en cuanto puedas:
más frecuente es lo amargo, o que te ignoren,
y no los caramelos.
Te enseñaré a leer fuera del aula,
y llegada la hora quiero que escribas mar
sobre los azulejos del pasillo.
Cuando por vez primera cruces la calle sola
sabrás que el riesgo y la velocidad
perseguirán tus días para siempre.
No creas que, en el fondo, no soy un optimista;
si no lo fuera, entonces no estarías allí
cuidando que te cuide como debo.
Como ves, desconfío
de quienes no veneran el asombro
de estar aquí, ahora.
Existe la alegría, pero duele;
tendrás que conseguirla.
Y cuando la consigas tendrás miedo."
Andrés Neuman (Década 1997-2007)
lunes, 19 de enero de 2009
EL GRAN JULIO LLAMAZARES
LAS ROSAS DE PIEDRA, JULIO LLAMAZARES.
Y quién sino el gran Julio Llamazares podría haber escrito un viaje recoriendo todas las catedrales de la zona norte de España. El viajero nos acerca a la realidad española, la de su historia impregnada en las piedras que se erigen en mitad de nuestras ciudades.
Las catedrales como "cajas negras" nos desvelan la situación de una España que se debate entre la pérdida de religiosidad, la tradición y la peregrinación turística. Julio, con gran maestría y sentido del humor, nos sumerge en un viaje en el tiempo y en la historia consiguiendo que nazca en el lector la emoción que acompaña a cualquier viaje. El lector uniendo su yo al del viajero vaga siguiendo la estela de Julio en su afán por mostrarnos cuál es la realidad que puebla España.
Julio está trabajando en la segunda parte que recorrerá la mitad sur de España.
href="mms://cemav.uned.es/datos/institucionales/20082009/inst-pias-20081202.wmv">
http://www.elpais.com/todo-sobre/persona/Julio/Llamazares/6256/
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Y quién sino el gran Julio Llamazares podría haber escrito un viaje recoriendo todas las catedrales de la zona norte de España. El viajero nos acerca a la realidad española, la de su historia impregnada en las piedras que se erigen en mitad de nuestras ciudades.
Las catedrales como "cajas negras" nos desvelan la situación de una España que se debate entre la pérdida de religiosidad, la tradición y la peregrinación turística. Julio, con gran maestría y sentido del humor, nos sumerge en un viaje en el tiempo y en la historia consiguiendo que nazca en el lector la emoción que acompaña a cualquier viaje. El lector uniendo su yo al del viajero vaga siguiendo la estela de Julio en su afán por mostrarnos cuál es la realidad que puebla España.
Julio está trabajando en la segunda parte que recorrerá la mitad sur de España.
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http://www.elpais.com/todo-sobre/persona/Julio/Llamazares/6256/
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jueves, 8 de enero de 2009
LA PIANISTA, DE JELFRIEDE JELINEK, libro que obligatoriamente tienes que leer...

Y después de tantos excesos navideños, nada mejor que un buen libro atormentado para sosegar el espíritu.
La obra fue llevada al cine en 1993.
La autora ganó el premio Nóbel de Literatura en 2004
Y este es La pianista de Jelfriede Jelinek. Esta autora austriaca, nos presenta una historia dura de amor-pasión-tormento entre Erika y el joven Klemmer. Erika es una mujer madura y fracasada, profesora de conservatorio, que vive sometida a su madre, un ser posesivo y controlador que inspecciona todos sus movimientos, evitando especialmente que se acerque a ningún hombre. Su existencia monótona y carente de sentido dará un giro de 180º grados cuando Walter Klemmer, alumno suyo, se enamora de ella, y consigue que ella se entregue irremediablemente. La relación, fuera de todo convencionalismo, consigue mantener en continua tensión al lector ya que va in crescendo en pasión y en las escenas de sexo. La obra desnuda de cualquier intimismo, narrada en tercera persona con un lenguaje directo sobrecoge al lector por su dureza. Como la buena literatura provoca, golpea y hace reflexionar sobre los diferentes tipos de relaciones humanas, materno-filiales, sexuales…), la sociedad en la que vivimos, el consumismo, además de sobre la propia vida.
¿Qué sería de nuestras vidas sin este tipo de libros?
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